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Estrategia contra la integración y la democracia - utilizar a Santos en el papel de Santander

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Estados Unidos no puede convivir con países independientes a sus designios porque sus gobernantes son prisioneros de una camarilla belicista que se enriquece con las guerras y con el saqueo a otras naciones.

Tal como lo señalamos en diciembre de 2011, comentando la instalación en Caracas de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, éste “será un proceso de integración política y social con enemigos poderosos”.

La diversidad de orientaciones políticas e ideológicas que conviven en la CELAC no es lo que amenaza ese proceso, porque a todos conviene, en esta época de crisis capitalista endémica, asegurar mercados cercanos y conquistar una estabilidad política regional que permita la convivencia pacífica de tal diversidad, sin conflictos ni confrontaciones.

Sin embargo, tal como ocurrió hace 200 años, se repite la injerencia del gobierno de Estados Unidos para dinamitar la unidad desde adentro, una implosión que disolvió en 1830, con la muerte de Bolívar, la Gran Colombia, para favorecer el dominio de un imperio que nacía entonces, y que hoy, ante la desaparición física de Hugo Chávez, el gran impulsor de la unidad latinoamericana y caribeña en este siglo, se pretende repetir la tragedia disolvente que sólo conviene a ese mismo imperio en su belicosa decadencia.

Santander no tiene a un Páez en Venezuela

Los cacicazgos de la post independencia sudamericana no son hoy un fenómeno generalizado como entonces; al contrario, hay ahora un rechazo firme al globo de ensayo de Juan Manuel Santos y el Departamento de Estado de EEUU, con respecto a la traición al espíritu de la CELAC y de Unasur, declarados territorios de paz y no de guerra.

Colombia podría incorporarse a la OTAN, asunto nada descabellado en los planes imperiales, porque Turquía y decenas de países muy lejanos al Atlántico Norte forman parte de esa organización criminal que, descaradamente, se burla de la ONU y destroza los derechos humanos donde actúa con sus bombarderos y sicarios bien apertrechados.

Pero si Santos da ese paso en el vacío para complacer al Imperio, Colombia volverá a ser un saco de gatos con la violencia extrema que se ha vivido allí durante más de 60 años, además de ser execrado en todo el continente latinoamericano como enemigo de la paz y la integración.

En los tiempos del Libertador, sus antiguos amigos lo traicionaron y lograron su muerte prematura con el desencanto por sus acciones divisionistas, que facilitaron las nuevas cadenas del naciente imperio.

Volvamos al presente

El liderazgo de Chávez en el continente fue, sin lugar a dudas, un elemento unificador y facilitador de la integración regional, cuyo filo antiimperialista, a contrapelo de la OEA,  no ha sido un capricho, sino una necesidad para poder lograr sustentar la independencia y la democracia en la totalidad de los integrantes de la CELAC, muchos de los cuales tuvieron que soportar en el pasado reciente tiranías impuestas para saquear a placer las riquezas naturales que pertenecen a los pueblos, además de alardear de una hegemonía regional manchada de sangre de inocentes en todo el continente.

Se trata, pues, de la primera gran confrontación con el Imperio del Norte: sacar a Colombia de Unasur y de la CELAC sería su trofeo calculado, quien sabe si con la compañía de otros gobiernos de derecha de la región, para darle la estocada mortal al proceso de integración.

Movilizar a los pueblos

Tal peligro estaba seguramente en el pensamiento del gran estratega de la integración, porque puso especial empeño en no radicalizar la conducción del mismo y buscar el equilibrio de fuerzas para que nadie se sintiera en minusvalía.

No debemos vivir de la nostalgia. Hay que movilizar a todos los pueblos de la América Latina y el Caribe contra la amenaza de la OTAN, un instrumento manejado por Estados Unidos para llevar la guerra y la inestabilidad adonde indique Washington, de acuerdo con sus exclusivos designios de gran potencia en decadencia.

Esa decadencia se expresa en el hecho mismo de haber perdido buena parte de su hegemonía regional, sin lo cual ninguno de los procesos de integración regional se hubiera dado.

Apelar a la OTAN y no a la guardia pretoriana del Comando Sur de su ejército, como antes, es otro síntoma de disminución de su poder real de dominio en la región, no obstante mantener numerosas bases en varios países latinoamericanos y del Caribe.

Brasil debería ver el peligro

Del mismo modo como Estados Unidos y su OTAN tratan de cercar a los países del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el establecerse en las cercanías de Brasil tiene una connotación de peligro muy grande para ese país, como anotan algunos analistas que ven cómo la presencia militar norteamericana y de sus aliados alrededor de esas potencias emergentes persigue un objetivo bélico nada disimulado de amenaza latente.

Brasil sería, junto con Venezuela y Argentina, el enemigo principal de esta tramoya en la que parece involucrado Juan Manual Santos, no por ingenuo, sino por la falsedad de sus poses amistosas hacia sus vecinos, pues en una semana recibió Vicepresidente de Estados Unidos y al candidato perdedor H. Capriles en el Palacio de Nariño, para que no quedaran dudas de hacia dónde se dirigen sus dardos envenenados en primera instancia, como quien cree en la técnica del dominó: si se derrota a Venezuela, el resto caerá por simple ley de gravedad.

EEUU no toma en cuenta a los pueblos

Los cálculos imperialistas de Obama y el Pentágono desprecian de manera olímpica a los pueblos latinoamericanos y del Caribe, del mismo modo como ocurrió en Corea, Vietnam, Cuba y los países más recientemente invadidos o intervenidos, donde no pudieron vencer sus antecesores.

Nuestros pueblos deben asumir las tareas políticas del rechazo a los planes de su enemigo histórico como algo de vida o muerte.

No podemos permitir que la historia retroceda a los tiempos de la colonización imperial.

En sus manos está, bajo la conducción de sus líderes más consecuentes, la herencia histórica del nuevo Libertador de nuestra región en proceso de integración, para derrotar a sus poderosos enemigos.

Minsk, junio de 2013.

Américo Díaz Núñez / Periodista, Venezuela

 

 

 

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